Comentario Nº 128, 1 de enero de 2004
2003 - El año de Bush
En este año 2003 que acaba George W. Bush ha dejado su impronta en el mundo, y probablemente lo esté celebrando al comenzar 2004; pero en realidad ha sido un año desastroso, tanto para Bush como para Estados Unidos y para el mundo. Lo que Bush trataba de demostrar es que Estados Unidos podía reafirmar unilateralmente su poder, que podía triunfar militarmente y reforzar con ello su situación política y económica. Estados Unidos demostraría que era la superpotencia, si no respetada al menos temida, tanto por sus amigos como por sus enemigos. ¿Lo ha conseguido? Creo que no.
Consideremos los acontecimientos del año desde el punto de vista de Bush. 2003 comenzó bastante mal. En febrero Estados Unidos trató de obtener legitimación internacional para su guerra contra Iraq mediante una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Pese a las intensas presiones, incluidas las repetidas llamadas telefónicas del propio presidente, Estados Unidos fue incapaz de asegurarse más que cuatro votos (de quince) para esa resolución y por eso la retiró. En marzo Estados Unidos invadió Iraq de todas formas, con una "coalición de los dispuestos" (esencialmente Gran Bretaña, Australia y Polonia). En el último minuto Turquía, pese al gran soborno monetario que se le ofreció, se negó a participar.
Aun así la operación militar fue rápida, y en mayo Estados Unidos había ocupado, más o menos, la totalidad de Iraq. Bush proclamó que la misión estaba "cumplida"; pero tan pronto como lo dijo comenzó la guerra de guerrillas que se ha ido intensificando desde entonces. Desde que se "cumplió" la misión ha habido más soldados estadounidenses heridos y muertos que en la primera fase, y al finalizar el año las fuerzas armadas estadounidenses admitían que la tasa de bajas estaba aumentando, no disminuyendo. Aunque Estados Unidos se ha esforzado para que otros países envíen tropas, su éxito ha sido muy limitado, de forma que no ha podido reducir todavía su propio contingente militar en Iraq.
En diciembre se ha producido un brillante éxito casi militar, la captura de Saddam Hussein. El jefe de la ocupación estadounidense, Paul Bremer, anunció: "Señoras y señores, ¡lo hemos atrapado!". Y efectivamente lo habían atrapado; pero como no se trataba de un juego infantil del escondite, no está claro que la captura de Saddam Hussein haya resuelto muchos problemas para Estados Unidos. Se trató sin duda de un espaldarazo psicológico, especialmente en los propios Estados Unidos; ¿pero se ha reducido la resistencia a la ocupación? Posiblemente haya desalentado a algunos lealistas del Ba’az, aunque eso está todavía por demostrar, pero por otra parte ha liberado a los iraquíes que antes no se decidían a luchar contra Estados Unidos porque temían el regreso de Saddam Hussein; el nacionalismo iraquí, después de todo, no depende de él. En cualquier caso, las últimas semanas de diciembre han mostrado un considerable incremento de los ataques violentos contra las fuerzas de ocupación.
¿Cómo le ha ido a Bush en los terrenos económico y político? Económicamente, la guerra trajo consigo el llamado "estímulo de Bagdad", propiciando un impulso de crecimiento económico a escala mundial, consecuencia en gran medida del keynesianismo militar estadounidense. Pero hay que tener en cuenta dos inconvenientes: el crecimiento económico ha beneficiado sobre todo a los ricos y no ha dado lugar a una reducción del desempleo, ni en Estados Unidos ni en ningún otro sitio, ni a un incremento de los ingresos reales para los trabajadores, de forma que el impacto a largo plazo sobre la demanda efectiva es dudoso; y algo más importante, el dólar está cayendo en picado.
La caída del dólar es evidentemente una bendición económica a muy corto plazo para Bush (esto es, en el año electoral de 2004), ya que permite un aumento de las exportaciones estadounidenses y una reducción en términos reales de la deuda externa, y puede haber atajado un nuevo aumento del desempleo. Pero un dólar fuerte es en definitiva un potente instrumento político y económico, y Estados Unidos no se puede permitir que el dólar siga débil durante mucho tiempo. ¿Puede hacer algo para invertir la caída? Para cubrir el déficit por cuenta corriente, Estados Unidos se endeuda con el extranjero vendiendo continuamente bonos del Tesoro. Hasta 2003 ha podido vender los suficientes para cubrir su creciente déficit, lo que también ha hecho posible las increíbles transferencias financieras a las corporaciones estadounidenses y a sus ciudadanos más ricos .
Pero cuando el dólar ha comenzado a perder una parte significativa de su valor, el resto del mundo vacila en cambiar dinero bueno por malo y seguir comprando bonos cuyo valor se desploma. El déficit estadounidense ya no está cubierto por el aflujo de dinero extranjero, lo que plantea ciertos dilemas al Tesoro estadounidense; y si la situación no amenaza todavía un desastre inmediato y total es gracias a la decisión de los gobiernos de Asia oriental (en particular de China) de seguir comprando títulos del Tesoro estadounidense. China (al igual que Japón y Corea del Sur) hace eso, naturalmente, en su propio interés. Pero su inversión en dólares también los somete a un riesgo, y pronto pueden decidir que las ventajas son menores que los peligros para sus propios recursos. En cualquier caso, Estados Unidos depende ahora de ellos para que se mantenga su salud económica, y no al revés, lo que difícilmente se puede considerar una situación de fuerza económica; entretanto, Estados Unidos está a la venta para los inversores extranjeros, que es justo lo contrario de lo que le gustaría.
Políticamente, la situación no es mucho mejor. La guerra de Iraq ha supuesto un giro notable en las relaciones políticas de Estados Unidos con Europa. Francia, Alemania y Rusia han dejado de ser aliados reacios para convertirse en rivales políticos incómodos y sistemáticos. Actúan a la contra y no en colaboración con Estados Unidos, lo que significa que aunque de vez en cuando puedan estar de acuerdo, Estados Unidos no puede contar con ellos. El pago de la deuda iraquí es un ejemplo notable. James Baker parece haber obtenido de los acreedores europeos y de Asia oriental el compromiso de renunciar a parte de la deuda iraquí, quizá porque desesperaban de poder cobrar nunca esa deuda, y porque todavía pueden obtener, como precio de la cancelación de la deuda, concesiones sobre derechos a futuros acuerdos con Iraq cuando tengan lugar negociaciones más detalladas. Pero Baker no ha conseguido todavía que los países árabes, que son los mayores acreedores de Iraq, hagan lo mismo. No se debe olvidar que uno de los motivos de la invasión iraquí de Kuwait era intentar cancelar la deuda que tenía con ese país.
Ahora se dice abiertamente que Europa occidental no está dispuesta a convertirse una vez más de nuevo en fiel seguidora del liderazgo estadounidense. La mayoría de las figuras políticas europeas, hasta las más conservadoras, creen que la política estadounidense en Oriente Medio es fundamentalmente errónea; y no sólo en Iraq, sino también en Afganistán, en Irán y en Israel/Palestina. Si Pakistán o Arabia Saudí le estallan en el rostro a Estados Unidos, en la mayoría de las capitales europeas, y hasta en Europa oriental, puede haber Schadenfreude [alegría por el mal ajeno].
Para terminar, sin que sea lo menos importante, la campaña electoral promete ser muy difícil para George W. Bush. Por el momento cuenta ante todo con la desaparición de la amenaza de deflación y la captura de Saddam Hussein para llevar adelante su campaña. Pero Bush ha levantado ampollas no sólo en el resto del mundo: ha despabilado a un soñoliento electorado estadounidense impulsándolo a una participación política apasionada. Cuenta con devotos seguidores, pero en una parte significativa de la población estadounidense despierta la mayor oposición concebible. Atraerá sin duda algunos nuevos votantes con su retórica patriótica, pero también hay gran número (probable mayor) de jóvenes, verdes, negros y latinos, que con frecuencia no votan, que temen mucho un segundo mandato de Bush y están dispuestos a votar esta vez, especialmente por Dean.
Puede que 2004 no sea el año de Bush.
Immanuel Wallerstein (1 de enero de 2004).
© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
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